- Yo creo que fue todo. De entrada, me gustaba el ambiente de los domingos por la tarde en nuestra discoteca, las fiestas, el fútbol, la gente, los bocadillos de Vidala. Realmente me sentía como en mi casa, éramos una gran familia.
- Jugué un partido con ellos aunque todavía eran principiantes. A partir de entonces decidí que mi futuro estaría ligado al club Federico García Lorca.
- Fui a reunirme con el comité de La Española para comentarles mi intención de cambiarme al Lorca y me dejaron marchar un año. Tuve la suerte de que José Ferreiro (micrómetro o Calimero) quisiera realizar el camino inverso y así se llevó a cabo el traspaso definitivo. Tenía 18 años. Creo que era el primer o el segundo año que el Lorca jugaba en la Unión Belga.
Ángel empezó poco a poco a interesarse por todo lo concerniente al Lorca. Se incorporó a las juventudes comunistas, se convirtió en secretario y más tarde formó parte del comité del Lorca.
- Puedo decir que dos personas me influyeron enormemente: Nico Cue, en el plano político, y Antoine Merino en el ámbito del fútbol. Eran un poco como mis hermanos mayores y se convirtieron en mis grandes amigos.
Ángel está casado con Dolores Gutiérrez Peinado y tienen dos hijos: Nadia de 30 años y Kenny de 21, además, son abuelos del pequeño Alessandro, de 4 años. Antonia Peinado Moreno, madre de Dolores, prácticamente ha vivido con ellos tras la muerte de su marido, Emilio Gutiérrez Núñez.
- Al principio, cuando tonteaba con Dolores su padre, Emilio, tenía la gerencia del club. Como ni siquiera podíamos darnos la mano me pasaba las tardes de los domingos en la barra con los amigos. A Dolores le fascinaba el baile, hacía piruetas con todo el mundo. A mí no me gustaba mucho bailar.
- Vidala fue como mi segunda madre y yo era como su niño pequeño. Ella siempre me quiso y yo la adoraba. Hacía unos bocadillos estupendos y yo entraba en su cocina como Pedro por su casa. Se trataba de una cocinera fuera de lo común que se encargó del banquete de mi boda. Era una mujer a la que sólo se podía querer, una mujer que pasó por duras pruebas en la España franquista. En general, el colectivo y la página web son precisamente la conexión para rendir homenaje y conservar en la memoria a estas personas extraordinarias.
- Me ocupé de los cadetes del equipo durante un año junto a Vladi Merino y entrené a los veteranos durante media temporada, pero nunca tuve alma de entrenador, soy demasiado sensible como para dejar a alguien en el banquillo; si éramos 20, yo hubiera hecho un partido de 20 contra 20, pero como no era posible al final dejé la carrera de entrenador.
Ángel es una fuente inagotable a la hora de relatar recuerdos y anécdotas, ya sea en el plano deportivo o político. Podría estar hablando durante días y a cada momento aparecen asociados nuevos nombres.
- Yo era un militante empedernido en lo que respecta a la pega de carteles. Por aquella época teníamos menos libertad de expresión.
- Cuando fui secretario de las juventudes comunistas organizamos un viaje a París con motivo de la Fiesta de la Humanidad. Después de llegar hasta allí, el autobús se dio media vuelta y no volvió a buscarnos, así pues, cada uno tuvo que buscarse la vida para volver a Lieja por sus propios medios.
- Nico Cue y yo fuimos a una conferencia (no recuerdo el tema) donde había alrededor de 450 personas. El moderador iba dando la palabra a los distintos representantes de las asociaciones que estaban presentes en la sala. Como yo era el secretario de las juventudes Nico me dijo: “ya sabes lo que te espera”, yo le respondí: “ni lo sueñes, no estoy acostumbrado a dar discursos, arréglatelas tú solo”. Al final hizo un borrador rápido y tomó la palabra delante del público.
- Cuando era camarero en el “Café Madriles”, Antoine Merino me pidió un bocadillo de chorizo y le puse dentro una guindilla. Al verle sofocarse me invadió tanto la risa que me dio un calambre terrible. Me retorcía de dolor en el suelo y le pedí ayuda, pero, naturalmente, me dejó allí tirado abandonado a mi suerte.
- En otra ocasión, también junto a Antoine Merino, en la que teníamos mucho hambre compramos un pan enorme en una panadería de la calle Féronstrée. Había un vendedor de quesos y quise comprar un queso entero, sin embargo, como era demasiado caro, compramos sólo un pedazo. Al final comimos a lo largo del camino aquel pan enorme y el trozo de queso.
- Recuerdo otra vez en la que Nico y yo ganamos el concurso de disfraces de carnaval. Yo iba de novia y él de colegial. Como no teníamos medio de transporte fuimos a pie desde el Hospital de los ingleses pasando por la Plaza Saint Lambert. Yo iba con el vestido de novia de mi mujer y Nico llevaba un pantalón corto, una chaqueta demasiado pequeña para él y una corbata y claro, la gente nos miraba raro.
- Prácticamente todas mis fotografías personales tienen que ver con el Lorca. Mi boda, las fiestas en las que participé, las excursiones, el fútbol, las fiestas de Nochevieja a las que llevábamos unos catres para que durmieran los niños porque sabíamos que la cosa iba a durar hasta altas horas…
¿Cómo viviste el final del club de fútbol y cómo fue la transición?
- A los 20 años uno se come el mundo. Se construye una familia y nacen los hijos, entonces las prioridades ya no son las mismas, nos privamos de muchas cosas por nuestros hijos. Acompañé a Nadia y a Kenny en su camino y ahora corro detrás de mi nieto. Lo que añoro son conversaciones como estas y pensar que ese tiempo se acabó.
- Cuando se cerró el Lorca no dio tanta pena como ahora, se hizo lentamente. Los viernes se dedicaban al fútbol, después, las citas de los viernes se fueron espaciando sin darnos cuenta y todo se acabó. Sin embargo, a pesar de este final, tras una docena de años, las relaciones, aunque esporádicas, han quedado bien ancladas. Pienso en Nico Cue, Antoine Merino, Cuki, Cristóbal, Silvestre Estève y tantos otros. Realmente eran relaciones de amistad sincera y profunda, por eso he tenido a bien concederte esta entrevista y contarte todas estas anécdotas.
- Todos decimos lo mismo: tenemos que vernos en otro sitio que no sea en los entierros. Deberíamos reunirnos alrededor de una mesa: algunas tortillas y unas botellas de vino y decidiremos lo que queremos hacer y el tiempo que le dedicaremos, al menos hablo por mí porque sí que me interesaría.
Creo que con cada entrevista deberían añadirse capítulos suplementarios porque mis invitados no terminan nunca de contar unas anécdotas a cual más interesante. Desgraciadamente, debemos resumir su historia y llegar a una conclusión.
- Sin ninguna pretensión creo que nosotros marcamos la historia de la inmigración aquí en Lieja y pongo a todos en el mismo barco.
Yo estoy un poco en contra de la informática porque se pierde la cercanía del contacto. Mi conclusión es que fue magnífico, con una amistad profunda, con unos valores que nos fueron inculcados y que hemos integrado y enseñado a nuestros hijos. Cuántas veces he hablado con mi hija Nadia que conoció un poco todo aquello, aunque Kenny no. Es una pena que no hayan conocido un lugar como el club. Nadia conserva el contacto con algunos hijos de mis amigos y mantienen esta amistad un poco como nosotros, con buenos valores; de eso me siento muy orgulloso y lo considero como un gran éxito.
Notas recogidas por
José Merino.