- “Por aquel entonces Esme ponía motes a todo el mundo. Era la época de la serie de televisión Dallas y, probablemente, me encontró parecido con el personaje de Bobby Ewing.”
La familia Pérez Delgado llegó al completo en 1962 a la región de Limburgo. No conocían la nieve pero tuvieron hasta hartarse pues fue un invierno especialmente duro. Bobby es el mayor de cinco hermanos: Manuel, Rafael, Baldomero y Francisco. Su padre, Rafael, apodado Pepe el sevillano, trabajó algunos años en las minas de carbón y después en la empresa Ford. Vivieron durante un tiempo en Chênée, pero después se instalaron en Lieja definitivamente. Dolores Delgado, su madre, tenía mucho trabajo con una familia numerosa.
- “Mis padres todavía viven, se instalaron a 15 km de Carmona (Sevilla), en su pueblo natal Villanueva del Río y Las Minas. La particularidad del lugar es que se le llama “el pueblo de las tres mentiras” porque no es nuevo, el río está seco y las minas están cerradas.”
Bobby sonríe mientras rememora su carrera profesional.
- “He hecho un poco de todo. Trabajé en las minas de Beringen a 750 metros de profundidad, fui tornero, he hecho pequeños trabajos como administrativo, representante, agente de seguros. Siempre me ha gustado trabajar en la hostelería como camarero en un bar o en un restaurante.”
- “Después entré como obrero polivalente en Chertal. Durante 15 años trabajé en turnos. Terminé mi carrera en Cockerill como obrero aforado de barcos en el turno de día. Desde 2009 estoy prejubilado.”
En Lieja fue a la escuela Crève-Coeur junto a Nico Cue, Aurelio Valle, los hermanos Merino, etcétera.
- “Después de que nos mudáramos definitivamente a Lieja siempre he vivido en el barrio de Saint Léonard, donde prácticamente conozco a todo el mundo. Sabía de la existencia del club García Lorca pero yo no iba, aunque mi padre sí que iba a veces. Sin embargo, conocí a Richard Durka, nuestros hijos iban a la escuela Sainte-Foy, y fue a través de él como comencé a pasar por el Lorca cuando se cambió a la calle Potay. Enseguida me gustó porque me encontraba allí con todos mis conocidos.”
- “Cuando Aquilino me pidió que participara en el comité de actividades acepté enseguida. A partir de entonces, ya fuera como secretario o tesorero, siempre he formado parte, de manera más o menos cercana, de los comités del club de fútbol del Lorca. Entre otros, el comité del fútbol estaba compuesto por Tomás Martínez, Coito, Pereira, Iglesias, Vincent, etcétera.”
- “Recuerdo un baile de carnaval en el Potay, cuando nos quisimos marchar nos dimos cuenta de que todos los coches de los alrededores tenían las ruedas pinchadas.”
- “Cuando queríamos organizar nuestros viajes a España o a Italia había que ir hasta Gante o Brujas a negociar el mejor precio para el autobús, porque por aquellos entonces no existía internet.”
El club volvió a cambiar de sede y se instaló en la calle Jonruelle. Allí llegaron muchos voluntarios para realizar diversas reformas, entre ellos Santamaría.
- “Las actividades iban de fábula: los bailes de la calle del Pomier, las partidas de Belote (juego de cartas), los bingos. A pesar de lo grande que era el club en la calle Jonruelle no se podía llegar muy tarde los viernes porque de otra manera ya no quedaban asientos libres.”
- “Formé parte de los veteranos del primer equipo junto a Cristóbal y Antonio Martínez, Alphonse Herrera, Josef Cusumano, Richard Durka, Jesús Estève, Roger Renders, etcétera.”
- “Al principio estaban representadas todas las edades por equipos. Mi hermano Manu se ocupó varias veces de algunos de ellos. La mayoría de los jugadores eran de la casa y no cobraban, por lo que no necesitábamos un gran presupuesto. Después, poco a poco, los chicos del club lo fueron dejando y hubo que hacer traspasos y pagar a los jugadores; al hacer las cuentas se necesitaba un presupuesto consecuente para iniciar la temporada.
El local de la calle Jonruelle se vendió, sin embargo, Aquilino Córdoba, Josef Cusumano, Bobby y algunos otros quisieron continuar la aventura. Su objetivo era proseguir con la historia del Lorca-Norte en el local “La Plaza”.
Para poder continuar con el club de fútbol creamos una asociación sin ánimo de lucro. La antigua cafetería “Chez Pepon” no se alquilaba, sino que se vendía, el problema era que no se otorgaba el crédito suficiente a una organización sin ánimo de lucro, así pues, Aquilino y yo compramos el local en septiembre de 1998 y lo abrimos en 1999.
- “Al principio todo iba bien, el local estaba abierto toda la semana y había bastante gente, los gerentes se relevaban: Coito, Ferna y Lolo, Antoine Martínez, Marcel Valle, etcétera. Después, poco a poco la asistencia comenzó a flojear.”
- “Desgraciadamente, con tan pocos clientes no podíamos asumir todos los gastos. El primer equipo, al que entrenaba Dany Mataïc, se componía de muchos mercenarios; se hicieron traspasos y hacía falta un gran presupuesto para el inicio de la nueva temporada.”
- “A pesar de la reducción de los equipos del club los voluntarios también se fueron marchando.”
- “Para reducir los gastos decidimos abrir sólo los fines de semana. Aquilino y yo nos turnábamos, cada uno trabajaba un fin de semana.”
- “Por aquel entonces yo todavía trabajaba en Cockerill y mis jornadas estaban cargadas desde el lunes hasta el domingo por la noche. Esto duró más o menos 2 años. Después, Aquilino lo dejó y yo solo me hice cargo de todo, pero a pesar de que mis jornadas eran pagadas por el club, mi núcleo familiar se empezó a resentir.”
- “Para recaudar fondos Aquilino y yo montamos un puesto español en la Fiesta de la Fresa en Vottem: productos típicos, folclore con grupos de flamenco, etcétera. Una anécdota: al final de la noche, al arrancar la furgoneta, Aquilino perdió su gorra y como no esperó a que el vehículo estuviera parado del todo, se bajó y tuvo un pequeño accidente que le llevó al hospital donde hubo que ponerle unos clavos.”